Rituales de higiene en los recién nacidos

Bebés y Mamás

Si la maternidad es un proceso duro y lleno de dudas, los primeros días del bebé son la prueba de fuego para las recién estrenadas mamás. Algunas de las dudas más típicas en este periodo de emociones variopintas, son las respectivas al aseo de los bebés: ¿Cuándo lo puedo bañar? ¿Qué tipo de productos puedo usar para no dañar su delicada piel? Por eso, en este post trataremos de dar algunas recomendaciones para dejar de preocuparse y empezar a disfrutar. Los ojos y la nariz, son algunas de las partes del cuerpo del recién nacido que menor trabajo suponen, ya que el lagrimeo  y los mocos son los mecanismos naturales que tiene el cuerpo para limpiar. A la hora de limpiar las orejas, solo hay que limpiar el pabellón exterior. Evita usar bastoncillos, ya que pueden dañar el conducto. La cera que se produce en el interior del oído es beneficiosa y mantiene limpio el oído, no te obsesiones con limpiarla. Las uñas de los recién nacidos, son muy blandas tienden a romperse solas. Si aún así necesitas cortarlas o arreglarlas, hazte con unas tijeras de punta redonda y presta atención para evitar producirle daños al bebé. La boca, en principio, tampoco requiere un cuidado especial. A excepción de cuando aparecen una serie de manchitas blancas dentro de la boca llamadas “muguet”. Estas manchas son producidas por un hongo y se adhiere al paladar, lengua y encías. En estos casos es fundamental consultar con el pediatra. En cuanto a la piel, es aquí donde debemos de tener un cuidado especial ya que es tan fina como delicada. El recién nacido siente todo con mayor intensidad que un adulto. El frio, por ejemplo, le deja la piel áspera  ya que la capa de carne que le protege es sumamente fino. Por ello, toda la ropa que esté en contacto directo con la piel ha de ser de algodón. Una parte muy importante a tener en cuenta son las nalgas y los pliegues que se producen en esa zona, ya que tienden a irritarse con facilidad por la mezcla de calor y humedad que se da en los pañales. Para evitarlo, es importante llevar un control de los cambios de pañales, usar productos de limpieza adecuados y comprar un pañal de buena calidad que se adapte al tamaño y la edad del bebé. Por último hablaremos del baño de los más pequeños, es importante realizarlo a última hora del día. Preferiblemente, cuando el padre y la madre estén en casa. Los recién nacidos, se muestran reacios en un principio, pero para la cuarta semana el baño se habrá convertido en una autentica fiesta con papá y mamá.  Algunas consideraciones a tener en cuenta son: la temperatura del agua ha de estar entre los 36 y los 38 grados,  el jabón tiene que ser neutro, evitar aplicar polvos talco o perfumes tras el baño. Finalizar el baño con un buen secado y un masaje para el bebé puede ser una muy buena opción. Ya que al niño le resulta muy agradable y puede incluso quedarse dormido plácidamente.
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