El secreto del “olor a bebé”

Bebés y Mamás

Seguro que muchos de vosotros habéis comentado alguna vez lo bien que huelen los bebés.

Hemos de aclarar que a pesar de que sean monísimos y se nos caiga la baba con solo mirarlos, existe una explicación con base fisiológica para explicar porque los bebés huelen bien. O, mejor dicho, porque no huelen mal.

La explicación está en que los bebés no poseen glándulas sudoríparas apocrinas activas y no presentan olores desagradables a transpiración. Además, a ello se suma que apenas sudan, pues los mecanismos que regulan la transpiración no están establecidos totalmente

Los adultos tenemos dos tipos de glándulas sudoriperas:

- Las ecrinas, casi exclusivas de los humanos (de hecho, somos de los pocos animales que sudamos) y que son las que se encargan de segregar el sudor que nos permite regular la temperatura corporal. Están por todo nuestro cuerpo, pero especialmente en las palmas de las manos y en las plantas de los pies y la región frontal de la cara (frente y bigote).

- Las glándulas apocrinas producen sustancias muy olorosas que son las responsables del olor característico de zonas como las axilas y los órganos sexuales. Los bebés y los niños antes de la pubertad tienen un olor diferente a los adultos, ya que no producen sudor apocrino y su secreción sebácea es menor.

Los niños antes de la pubertad no producen sudor apocrino y su secreción sebacea es menor. Eso hace que tengan un olor diferente al de los adultos. Los bebés, además, apenas segregan sudor ecrino, por lo que el aroma que percibimos en ellos es llana y exclusivamente el de su piel.

Los aromas de cremas, geles, ropa o colonias infantiles, así como nuestros buenos ojos o, mejor dicho, nuestro buen olfato hacen el resto para que el “olor a bebé” nos resulte tan agradable.

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